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Norma Etcheverry

Por Paula Aramburu - 13 de Septiembre, 2007, 21:41, Categoría: General

   Nació en la provincia de Buenos Aires (Gral. Paz Ranchos), y reside en la ciudad de La Plata desde 1981, donde se recibió de Periodista y cursó materias materias afines a la literatura en la Facultad de Humanidades. En 1987 participó, entre otros, con Gustavo Caso Rosendi, Eduardo Rezzano, Patricia Coto, Susana Dakuyaku,  de la Feria del Autor Inédito, un proyecto que tuvo como objetivo llevar la poesía a las plazas y otros lugares públicos, mediante la difusión de producciones artesanales. Ha publicado, en poesía,  "Máscaras del Tiempo" (1998) y "Aspaldiko" (2002). Ha escrito "Un tibio amparo", novela inédita sobre la primavera del 83. Colabora en publicaciones del interior y en "El espiniyo", revista de poesía de La Plata. Produce "Diagonal Converso", revistual breve que se distribuye periódicamente por correo electrónico.                            

                                                                                                         

POEMAS

Un hombre no llora
Un hombre no llora
Solamente deja que se le parta el alma
mientras penetra los bordes de una mujer
que no es Ella.

* * *

Noviembre

Es este silencio
En que todo se sumerge y descansa
Solo una mosca
Y las cortinas que se mueven por el viento

Pasan los niños
Con sus risas y sus pequeños gritos
Y una mirada hacia el mundo
que va de abajo para arriba.

Pronto será el verano.

* * *

DIARIO

Diario de ausencia

Estoy complicada para salir. Me cuesta salir. De La Plata, o de mí? Salgo. Viene un micro que va a mi casa, y viene otro que me lleva derechito a la Terminal. Mi mente no se pone de acuerdo con mi deseo. Mi deseo no se pone de acuerdo con nada. Mis pies, entonces, se quedan quietos, esperando la orden que nadie les da. Entonces se suben al que va hacia la Terminal. El Plaza  me está esperando. Subo. Inmediatamente tomo los poemas de Nahuel y de Graciela, y los releo de cara al sol que entra por la ventanilla del primer asiento. Me encuentro con la tibieza, con la furia, con la búsqueda, en el vacío, en el margen, en la palabra, y me encuentro con mi deseo. Por fin. Luego, el afuera se complota/ se complica/ se complace contra mí. La niebla cierra el camino hacia adelante. Todo el paisaje es extraño. Imagino cualquier ciudad, cualquier lugar. ¿Será así Praga, sobre el puente Carlos…?no, así debe ser Londres, dicen. No conozco. Acá es la Autopista La Plata-Buenos Aires, ranchitos en mi  mano izquierda, fueguitos en algunos puntos del manto gris. Carros, caballos desguarnecidos como los techos de chapa entre la niebla. Es acá. Y yo voy hacia allá, a la poesía que tiene también la extraña mezcla del fuego y la niebla. Obelisco: no; sigo, no al subte, hoy no. Mucha gente, me saca de mis pensamientos. Tengo que estar atenta a  mi alrededor y no quiero des/atender, des/entender mi adentro, mejor un taxi…Córdoba, un taxi por Córdoba, un taxi más arriba, en la paralela, a la vuelta, en la esquina, allá, allá no, acá tampoco, no hay taxi, taxi no, camino a un taxi que no, tengo que poner mi energía en el alrededor, en la caza de un taxi, en la caza del ciervo rojo que no aparece por ningún lado de esta selva. No, taxi no, la noche, no. La poesía no, la poesía se aleja. Los minutos se van desvaneciendo entre la niebla, cruzo la Nueve de Julio, quizá del otro lado del renglón pueda decir "voy a Honduras al 3000" a hundirme en do-re-mí, en la poesía que sí. Pero no, taxi no. Se hace tarde. Caminar, veinte cuadras caminar. Podría ser. Pero no, hoy no es el día. Alrededor un caos de autos estancados, niebla, semáforos que parpadean en contradicción como un espejo roto. Es tarde.  Frente a mí, el ciervo rojo se acerca en la forma de un micro "Plaza,  La Plata por Centenario"  que se detiene, justo a frente a mí. Tal vez fue mi rostro desalentado. O mis pies que se han detenido otra vez, sin órdenes que acatar. Tal vez la noche que se cierra alrededor del Obelisco, alrededor de Honduras que está lejos. Tal vez levanté la mano y el chofer entendió, y me abrió. Y me encontré volviendo a casa, sin nada. Con un montón de gente dando vueltas en mi cabeza, con taxis ocupados, con imposibilidades de afuera, ( tal vez de adentro) que hoy  no me dejan llegar. "¡Ay, Geno,-pienso como una nena desamparada- …con otro es tan fácil!" Sin embargo, yo puedo andar sola, por Buenos Aires, por la vida, por la poesía…..es lo que he hecho siempre, seguro, no necesito nada, seguro que puedo… ¿seguro que puedo andar sola por la poesía? Pienso: no voy más. Pienso: sí, voy a volver. Quiero volver. Me estoy perdiendo algo. Quiero escuchar de la poesía de Graciela y de Nahuel, y quiero disculparme también con Santiago y Florencia porque leí sus versos en soledad y no los pude compartir. Quiero volver, y quiero reconocer que no puedo sola. Que hoy la niebla fue un error, que salir sin convicción de mí, de mi ciudad y de mi adentro, fue una prueba. Una prueba de fuego? No sé, tal vez sí, de alguna forma… los rostros, las voces de alrededor de la mesa, allá en la Casa de la Poesía, se me antojan fueguitos en medio de la niebla, como los fueguitos de la villa en la Autopista. Fueguitos en medio de la vida blanca, blanco de papel y blanco de nada. Fueguitos en medio de la noche. Voces claras en medio del murmullo del gentío, en medio de la confusión del alrededor. Voces amigas, voces hermanas en un camino en el que no estoy sola. Aunque esta noche, puntualmente, me hayan quedado trasmano, allá en Honduras. Volveré. Buscaré con ellos.  Y seremos versos.


P/D: Ahora que leí los diarios de Nahuel, de Martín: Confieso. Años de cursar materias en Letras no me dieron la clave de una Poética. "Cualquier arte que fagocito tiene que ver con la necesidad", dice Nahuel. Eso. Eso es. "Eso que busco es la conmoción". Que me pase algo con eso. "En todas partes ando al acecho de una vida que valga la pena" dice un escritor que se llama Lawrence Durrell, al que no conocí en la facultad.  Ni Syd Barret ni Spinetta fueron textos académicos (y fueron imprescindibles). Sí Goethe, y fue fabuloso. Entonces, es en todas partes, la búsqueda. Es en Clara, y en Yadi, y en Martín, y en Florencia, y en Nahuel,  y en todos. Entonces, es maravilloso este cruce/encrucijada/ encuentro/intersección, este ¿Taller se llama? Bueno, este ida y vuelta. Confieso, creo que me fui, la otra noche, en medio de la niebla, sólo para poder vol/ver. "Verso, viene del latín" dijo Saimolovich, en el Encuentro de Escritores, y explicó la etimología de la palabra verso, y entre tantas cosas que dijo lo que más recuerdo es que también significaba Volver.

                    
          

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